viernes, 25 de septiembre de 2015

Marcos+Personajes+Acciones :>

1) Acababa de comenzar el otoño cuando inauguraron la Feria del Niño en la ciudad. El primer día que se abrió el sol brillaba con fuerza y en el cielo ni una sola nube se veía. En la plaza había toda una revolución de gente; todo aquél que tuviera hijos estaría allí con ellos, procurando no perderlos entre la multitud y cumpliendo sus caprichos de comprarles golosinas, juguetes y demás porquerías que no necesitaban.
 Mi hermano y yo ya no teníamos edad para esa clase de eventos, pero nos gustaba ir a sentarnos en un banco y observar la multitud enloquecer. Pensábamos en la suerte que teníamos de ser huérfanos.
Él siempre observaba a las familias grandes, generalmente de más de cuatro personas, pero esta vez se quedó viendo a una niña que lloraba de la mano de su madre, señalando un globo que se alejaba en lo alto. De repente hizo una mueca y se volvió hacia mí con su cigarrillo en la boca, esperando a que se lo encendiera. Cuando lo hice me agradeció sólo mirándome, luego se acomodó en el asiento y tosió. Nos quedamos viendo a la niña que no dejaba de llorar.

2) Era pleno invierno, y la ciudad estaba más fría y tumultuosa que nunca. Había una gran cantidad de gente, y el ambiente parecía un caos. El clima no ayudaba a mejorarlo, ya que estaba empezando a llover; y parecía que en cualquier momento el agua caería fuerte e impetuosamente.
Un hombre joven observaba esto a través de la ventana de su habitación. Él era alto y delgado, y estaba bien vestido. La gente lo tildaba de alegre y divertido pero en ese momento se encontraba serio y reservado, tratando de evitar distraerse con el sonido de la lluvia, que empezaba a volverse cada vez más fuerte y ya tapaba la ciudad con fiereza.
En un momento, divisó al hombre que esperaba. Grande fue su frustración cuando éste empezó a alejarse hasta luego desaparecer de su vista.
Casi sin pensarlo, tomó su arma y la guardó en el bolsillo de su saco. Cerró la puerta de su casa y salió a la calle. No dejaba de chocarse con la gente, que le impedía avanzar tan rápido como le habría gustado.

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