miércoles, 18 de noviembre de 2015

Analepsis y Prolepsis

Analepsis y Prolepsis
Era pleno invierno, y la ciudad estaba más fría y tumultuosa que nunca. Había una gran cantidad de gente, y el ambiente parecía un caos. El clima no ayudaba a mejorarlo, ya que estaba empezando a llover; y parecía que en cualquier momento el agua caería fuerte e impetuosamente.
Un hombre joven observaba esto a través de la ventana de su habitación. Él era alto y delgado, y estaba bien vestido. La gente lo tildaba de alegre y divertido pero en ese momento se encontraba serio y reservado, tratando de evitar distraerse con el sonido de la lluvia, que empezaba a volverse cada vez más fuerte y ya tapaba la ciudad con fiereza.
En un momento, divisó al hombre que esperaba. Al principio se había sentido algo culpable, porque sabía que era terrible tener que matar a su hermano. Sin embargo, para ese momento no sentía nada, sólo ansiedad por que pasara rápido. Sabía que no sería difícil encontrarlo porque él siempre caminaba por esta calle, además de que su aspecto era igual al suyo.
Por unos segundos, se acordó de la infancia que habían compartido, llena de juegos y travesuras.  Nunca se olvidó de cuando, a la edad de diez años, se habían alejado por un bosque y él casi murió ahogado en un río cercano, y nunca dejó de agradecerle a su hermano por haberlo salvado.
Sin embargo, sabía que no tenía opción: su hermano debería haber pagado lo que le debía a su jefe. Si no quería problemas, no debería haberse comprometido con esta “organización”. En un instante, el joven sintió a sus ánimos flaquear. “Vamos”, pensó. “Si no lo matás, nunca vas a ser ascendido. Es más, seguramente ni llegues vivo mañana. Es su cadáver, o es el tuyo. Además, no es la primera vez que matás a alguien por…razones laborales”. Sin embargo, muchos años después se sentiría arrepentido acerca de los acontecimientos, y terminaría solitario, con su mente detenida en esta etapa de su vida.
 Grande fue su frustración cuando su hermano, en la calle, empezó a alejarse hasta luego desaparecer de su vista.
Casi sin pensarlo, tomó su arma y la guardó en el bolsillo de su saco. Cerró la puerta de su casa y salió a la calle. No dejaba de chocarse con la gente, que le impedía avanzar tan rápido como le habría gustado.

Sabía las calles por las que el hombre pasaría, por lo cual no se puso mal luego de haberlo perdido de vista. Sin embargo, se sintió reconfortado cuando lo encontró entre la multitud. Preparó su arma y esperó a que el ambiente se disipara un poco de la gente que había.

2 comentarios:

  1. Chicas me pareció un muy buen trabajo. Me gustó como quedaron las analepsis y las prolepsis en la historia, creo que supieron utilizarlas correctamente. No observé faltas significativas.

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  2. Me gustó mucho el trabajo que hicieron, la historia me atrapó y me dejó con ganas de seguir leyendo. Cumple perfectamente con la consigna.

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